martes, 24 de junio de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
El día y la Noche del Pintor
Amanece y abre los
ojos. O amanece porque abre los ojos. La mañana en su vida es como una tela en
blanco. La mañana es una pregunta que va contestando, a veces, el transcurrir
del día.
Amanece y es como una
descarga eléctrica en el cuerpo que obliga a erguirse. La tela en blanco obliga
al pintor a buscar los pinceles y los colores, como un revolver cargado
dejarlos al alcance de las manos.
Se
viene el mate poniendo un pie en el horizonte. Hay acción y hay gallos
guapeando su existencia, también relinchos y cabeceos y los pájaros se anuncian
sin solución de continuidad.
Ya
está con los ojos bien abiertos mirando desde la ventana mate en mano. El mundo
circundante organiza su estética cotidiana y empieza a funcionar. Desde la
ventana presiente que todos los misterios están detrás del horizonte. La luz en
ese día pleno es restallante y oblicua.
La
noche anterior había pensado en organizar este día. Lo hizo y se durmió. Ahora,
ante la ventana, ya se olvidó todo lo que había pensado. Se deja transcurrir al
ritmo y al sabor de la yerba y ese calor que baja desde la boca y templa el
cordaje de las sensaciones.
Continúa
observando el horizonte: dos planos, abajo la pampa, pastizales, algún
sembradío; arriba cielo, azuloide por la invasión del sol. A un costado de la
casa el cobertizo y murmullo de caballos queriendo participar en la exégesis de
la mañana. Haciéndose notar. Buscando presencia.
Oye
el ruido inconfundible de una avioneta. La ve brillante dirigirse hacia el
naciente. Pronto ve un punto contrastando con la luz solar y ya no hay sonido.
Solo luz y silencio. Ahora, demasiado silencio. Los colores destellan y los
objetos del paisaje se enardecen.
Mira.
Sus ojos tratan de penetrar tanto resplandor. Todavía demasiado para la vista
de un pintor, la mañana atrapa por su prepotencia, se dice.
Coloca
el atril apenas al costado de la ventana. Ubica el bastidor con la tela en
blanco. Desparrama los pomos de colores y controla los pinceles. Nada especial,
solo un principio incierto de organización. No más.
Sabe
que algo tendrá que aparecer. Eso sí, vuelve el murmullo del motor del avión
que se acerca. Pasa por arriba de su casa y se va perdiendo.
Saca
el caballo del cobertizo. Lo acaricia varias veces y le otorga libertad para
pastorear. Algunos pájaros se acercan a picotear alrededor. Esto ya es una
escena. Pero, cómo sacarla de la trivialidad. Dónde estará el jugo de esa
composición. Todavía hay demasiada luz rasante, o poca idea. Ya se verá.
Vuelve
a la casa. Cambia de posición el atril unos centímetros, como para ganar tiempo.
Mira por la ventana: nada. Sí, hay de todo, pero nada. Ahora el sol está más
arriba y el horizonte recupera nitidez.
Entonces,
ve primero como un lomo sobre el horizonte, luego, una columna blanquecina,
apenas oblicua que fuga hacia arriba. Eso sí es una línea de fuerza.
El
avión, naranja furioso, vuelve a pasar sobre la casa. Rumbea hacia esa
desprolijidad del horizonte. Es evidente, algo pasa.
Ya
no duda: hay quemazón. Siente vibrar el cuerpo. So-pesa la dirección del viento
y se aquieta. Algo apareció.
Se
acerca más a la ventana. Otea cómo solo lo hacen los mamíferos, estirando
cuello y cabeza hacia delante.
Piensa
la situación. Unos segundos. Mira la tela, el atril, los colores en sus pomos y
decide. Casi corre cuando va a buscar los elementos para ensillar el caballo.
Esto
no es un juego pero vale la pena, se alienta. El avión vuelve. En el horizonte
el animal blanco va creciendo. Un gigante que se levanta.
Ya
amarró el atril al costado del caballo, ya cargó las alforjas con los pomos y
los pinceles, ya ató la tela sobre el anca. Talonea el flete y se va hacia la
quemazón.
Yendo
al galope tarda bastante. El animal ahora es bestia blanca y serpientes
grisadas.
Precavido,
se acerca lo suficiente, solo para apreciar.
Tamaño
día de esplendor solar soba los colores que disfuman como no queriendo mostrar
toda la verdad. Por ahora el fuego se guarda parte de su desproporción. Igual
tira líneas a mano alzada, agitado, nervioso. Trata de capturar a la bestia que
miente, que no larga esencia, pero amenaza, promete.
De
pronto el humo gira y se le viene encima. Atosigado, minúsculo, se siente
echado, castigado. Falta oxígeno y el caballo recula. Ya sabe que está demás
allí. El caballo ya giró y rumbea hacia su seguridad. Él lo deja hacer. Galopan
largo y tendido. Llegan sin aliento y el olor de la quemazón incrustado en la
garganta. El caballo se lanza al bebedero. El hacia la casa.
Se
sienta ante la ventana todavía exaltado. Trata de aquietarse de buscar algún
orden. Abre la canilla y se moja la cabeza. Tose y se restriega los ojos.
Vuelve a la ventana. Su brújula interior lo obliga allí. La bestia sigue
creciendo.
La
desmesura se apropió del horizonte, cuándo una línea larga y fina de llamas se
da a conocer como un tajo soberbio horizontal. Todo su universo fuga hacia ese
lugar.
Pinta
sobre la tela bocetada. Pinta sin mirar más por la ventana, sin reconocer lo
alrededor. El fuego ahora brota de adentro. Solo él y la tela. Pinta...
II
Lo sorprende la tarde. Por fin, cuando anochece, se
dirige a la ventana.
Todo cambio. No hay horizonte. Solo la bestia que
decidió mostrarse voraz en naranjas y rojos, y una negrura infinita ocupando
todo lo demás.
Se deslumbra, se paraliza. No se puede mover de
allí, conmovido, apichonado. No hay miedo, sí hay reconocimiento del poder de
fuego de la imagen desatada, inabarcable, insondable en su preciosismo caótico
y feroz.
Pero, esa fuerza obliga, azuza, talonea hasta la
acción.
Saca del atril la tela anterior y coloca otra en
blanco. Vuelve a pintar. Pinta, no tiene cansancio. Solo pinta. Mientras la
noche opera en la realidad.
III
Ya es mediodía y abre los ojos. Da un salto y va
hacia la ventana. Cielo limpio. Horizonte nítido. Sol a plomo. No hay vestigios
de humo ni de llamas. No hay olor a quema.
Sobresaltado mira hacia el atril: allí está la tela
que pintó a la noche. A un costado, sobre una silla, la que pintó por la mañana
anterior.
Presiente y se va a ensillar el flete. Parte hacia
donde vio el incendio. Al galope recorre el camino que hizo el día anterior.
Advierte el cansancio del caballo. Mide y calcula
distancias. Observa todo el cuadrante alrededor varias veces. Un escalofrío le
sacude el cuerpo. No hay vestigios del incendio.
No hay nada. Vaya, como si nada hubiera pasado. Sin
entender, se vuelve. Piensa en las telas pintadas mientras regresa al paso a la
casa.
pintura "La quemazón" de Alberto Sorzio
jueves, 29 de mayo de 2014
Independencia y libertad creadora o dependencia CULTURA POPULAR O CULTURA POPULISTA
http://www.laorejaquepiensa.com.ar/node/245#.U4enkSg3B1t
Poseer la lengua y la palabra es tener la llave maestra de la cultura. Y en este punto, debemos profundizar la visión y hacer una diferenciación que es sustancial entre “cultura popular” y “cultura populista”.
Este es uno de los núcleos sustanciales del problema de la cultura actual y la acción del poder sobre y dentro de ella. La construcción de un país, es la construcción de su cultura. Y la destrucción de este, es la destrucción o apropiación y vaciado de la conciencia de esa cultura.
Consideramos que la cultura populista es y genera dependencia, en tanto que la cultura popular es y genera independencia y libertad creadora.
Una persona o grupo elabora algo y otros lo reciben, lo consideran, lo valoran: esto es una acción, un acto. Todo lo que se elabora, abstracto o concreto, siempre está dirigido a alguien, a otros que lo reciben, que lo interpretan a través de sus ideas, de sus valores, de sus vivencias, pero siempre “algo sucede”. Puede incorporarlo a su conocimiento o puede rechazarlo, puede usarlo o puede descartarlo, pero siempre algo sucede. Nadie hace algo que en algún momento o en algún lugar no afecte a otros y a uno mismo.
A la cultura la constituyen actos, acciones que se dirigen, voluntarias o involuntarias, a otros que son espectadores. Estos participan en forma activa o pasiva del acto. Es la característica fundamental del acto o acción cultural. El receptor (el público, el espectador) puede ser activo o pasivo, sujeto u objeto de la cultura.
Cuando en una comunidad las personas se comportan como sujetos activos, capaces de recibir, transformar, resignificar, reasignar, creando así otro acto cultural más amplio, estamos ante una cultura genuina y popular. Pero cuando las personas se comportan como seres pasivos, solamente receptoras, como recipientes vacíos que se los llena, incapaces de recibir y transformar, estamos antes personas o comunidades de características populistas.
La cultura de los pueblos debe ser un proceso activo, vivencial, manifestado por unos y revivido por otros, una conciencia que entrega sus contenidos cargados de valores estéticos y éticos a otras conciencias que en libertad los reciben, los incorporan reelaborándolos, o los rechazan.
La cultura popular es creadora y recreadora, valora sus tradiciones y sus vanguardias. Participa en sus tensiones, toma partido, discute y critica.
La cultura populista recibe y repite en forma mecánica y allí se agota. No emerge del acto nada nuevo, nada modificante o conmovedor, sólo iconografías y golpes bajos emocionales, quedando pasiva y vacía, insatisfecha y necesitando con compulsión más consumo, sin solución de continuidad. Aquí las personas son incapaces del esfuerzo de, no ya de crear, sino de recrear o de actuar de manera crítica.
Lo que es asumido de esta manera, lleva a la irrupción de valores artificiales y extraños que desplazan o descolocan a los propios, los fragmentan descomponiendo su unidad de sentido, los mezcla en categorías y prioridades distintas, hasta producir su reemplazo, destruyendo las bases de la capacidad activa y creadora.
En la cultura populista, los seres, las comunidades son inertes espectadores de la cultura que le es dada, provista, introducida, a través del sistema de consumo que dicta el mercado.
En la cultura popular, las personas, los pueblos, son actores, protagonistas malos, regulares o buenos de su cultura y de la inserción de esta en el mundo, desarrollando una conciencia real de su propio ser, se sus potencias y sus debilidades y un sistema de valores acorde con sus necesidades, basado en el esfuerzo personal y comunitario, que les permite elegir con libertad lo que les conviene tomar o rechazar de otras culturas para hacer crecer a la propia.
La cultura popular elabora su propio alimento espiritual, potencia su lenguaje y hace uso pleno de la palabra que oxigena y amplifica su comunicación y su conocimiento. Crea sus propias imágenes, su imaginería, sus metáforas, reconociendo la vitalidad de los claroscuros y su formidable fuente de energía artística.
“Todo el universo visible, no es más que un formidable almacén de imágenes y de signos. La tarea del poeta, del artista, consiste en percibir analogías, correspondencias que adopten el aspecto literario de la metáfora”. (C. Baudelaire)
La conciencia de un pueblo es su cultura trabajado y trabajando en una lengua propia.
Una cultura crítica donde la tradición sacralice, pero no congele, donde se persiga la preservación de símbolos, íconos y valores estéticos y éticos que no clausuren, sino que permitan su histórica renovación, su refresco cultural. Una tradición de actitud crítica y vital, que sea capaz de asegurar y conservar la capacidad metaforizadora y utópica de su pueblo, sus visiones y su imaginería.
Miramos y comprendemos al mundo desde nuestras imágenes, desde nuestras metáforas, desde nuestra lengua que no ni más ni menos que el vientre de la cultura.
(*)Periodista, escultor, poeta.
miércoles, 16 de abril de 2014
GREGORIO SAMSA DICE LO SUYO Autor: Julio C. Azzimonti Otoño de 2014
GREGORIO SAMSA DICE LO SUYO
...no voy a
embestir el cuerpo exhausto
hasta apropiarme
de la piel y los
músculos de Franz
en una venganza
inútil
por haberme
confinado
a esta condición
inexplicable
sólo quiero
mirarlo a los ojos
y que me vea
fuera de la página
no pretendo el
torreón pétreo
de su cabeza
ni el vapor ácido
que exhala
su alma dolorosa
y bella
de burócrata
despiadado
de la conciencia
profunda
(él que peleó y
derrotó
a la máscara
insondable del mundo)
¿ no han visto resplandecer
esa ensimisma
cabeza
estacionada en el cénit del siglo XX?
¿ no han visto cómo se fue apropiando
de los detritus fragmentados
de una modernidad caótica
enceguecida y sorda
por las cruces encendidas de dos guerras
y apilarlos piedra sobre piedra
sangrando sus signos y sus manos
hasta levantar sus muros de palabras?
¿y acaso esos muros
no son su piel impura de dolores
sus músculos de humo
sus huesos como cuchillos
y su índice como espada?
sólo de algo estoy seguro:
detestaba la cuadrícula de las ciudades
esos laberintos de la razón pura
sin juegos ni honores
donde los repliegues de los expedientes
se pierden
en las madrigueras inexpugnables
del fascismo de la ley
de algo estoy seguro
Franz abominaba
la redondez de la tierra
su esférica condición cerrada
creo que era demasiado
para él y su siglo de pólvora
sólo deseo mirarlo a los ojos
y que me vea frente a frente
fuera de la página para constatar
que somos un mismo animal
Julio C. Azzimonti
Otoño de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
LA CANCIÓN DE MARÍA MORENA . Libro: Julio Cesar Azzimonti y musicalización: Oscar Peretto e ilustraciones: Pedro Gaeta
Aquí en la
luz
de los
barrios de cobre
está María
niña
Morena y
transparente de sueños
jugando con
mates de barro
y muñecos de
trapo
que cayeron
del cielo
cuando algún
santo piadoso
los empujó
al vacío.
Aquí
Morenita
arrullaron
tu sueño
estampidos a
mansalva
y un sólo
cuento
contado por
la boca
desdentada
de la noche
cayeron
sobre tu alma
con sus
miedos.
Aquí
en tus oídos
se anudan
rumiando el
aire opaco
campanas de
sapos
y el
cristalerío turbio
del zanjón.
Aquí
mirando
hacia adentro
desde la
ventana torcida
te veo María
en la
penumbra de la Mala luz
sentada a la
mesa
junto a tus
hermanos
y a tu viejo
mirando el
hueco de los platos
el día en
que la hornalla
consumió el
último carbón
y el
fuego se mandó a guardar.
Aquí hace
tanto frío
cuando tu
viejo
cabello
blanqueado por el fraude
agarra el
cuchillo de pelar naranjas
y corta sus
dedos en rebanadas
repartiéndolos
a sus hijos
que los
comen agitados
entre
latigazos de silencio.
Aquí tu
vieja
es una
cabeza solitaria
colgando
torcida de la pared.
Mirá María
delante de tu ventana inconclusa
creció un cardo
como un esperpento del destino
Morena
nada hay más parecido a la pobreza
que un cardo
y si un gato negro como yo
se estampa a su lado
El pobrerío enardecido
pronto prenderá fuego
a la imagen
Creerán que todo su dolor
es engendro
de tu vientre maldito
y que los fuegos amarillos
de mis ojos
serán el cuerpo sinuoso
de la criatura
Sabés Morena
esta gente aspira las espinas
clavadas en las entrañas del
dolor
y sólo les queda matar a alguien
para aliviar su pena perpetua
Puta madre Morena
eso serás y deberás morir
junto a tu gato
antes que nazca el diablo
y los azotes con los cardos
Mirá María
delante de tu ventana inconclusa
como crece el cardo
no lo saqués Morena
ha dado una flor rosabunda
y es preferible a la muerte
jueves, 13 de febrero de 2014
Libros editados por Julio C Azzimonti
martes, 20 de agosto de 2013
Sida con héroe
desde su vacuo
volumen guerrero
desde sus
músculos y su poder
desde sus
milenios de triunfos
me mira
desde sus pupilas
perplejas
desde sus rosas
incrustadas
desde esos
camafeos crepusculares
piel opaca y
ceñida
que buscan sus
raíces
en el nombre
desesperado
en la efemérides
virósica del destino
me mira
desde su
otroredad lineal
desde el relato
en cruz de la sibila
desde la espada
la espada clavada
de adentro hacia
afuera
donde nunca la
esperó
sintiendo desde
el estupor de la pena
que el barco
escorado hacia el poniente
de su cuerpo en
negativo
ha cortado
amarras
con las velas
destrozadas
dejándolo con la
mano extendida
y sus ojos
magníficos
agrandándose a
medida
que se internan
encendidos en el cráneo rapado
donde aquiles se
referenciaba
y su pueblo se
expandía en la eternidad
mientras homero
se disfumaba
sintiendo que la
historia se torcía
y las sirenas
perdían su sentido
desde allí me
mira
me pide
desde el
campanario de su pena
desde
el disvalor épico del afecto mínimo
sencillo
desde la inmortalidad
degradada
de la piedra y el
mar
me pide
-la carencia es
un efecto despiadado
que le cruza seco
la cara-
y este odiseo
de rostro en
blanco y negro
con su piel
herida desde adentro
pide
para no olvidar
su nombre
para conseguir
volver a los colores
pide
por unas monedas
de futuro
pero la muerte de
la inmortalidad
así de seca así
de muerte
es una
perspectiva tan cercana
que el tiempo
visceral
rotando negativo
es una espada
feroz abriéndose paso
más allá de la
columnas de hércules
y más allá
con los dioses en
retirada
de su cuerpo
sus pupilas
desconcertadas
intentando
desgarrar
la vieja luz
ahora que se aleja
y esas manchas
sobre la piel exquisita
sello olímpico de
lacre
haciendo soñar
sonidos de islas
en el temporal
campanas de pena
y oscuridades
-itaca está más
allá del destino
cuando el destino
cambia como los vientos-
él solo espera
desde su anatomía desalmándose
un viento que
barra la historia
un murmullo
condescendiente de su madre
una orden brutal
de su padre
que lo devuelva
al origen
un mazo de
barajas
que dé algún oro
final
un mareo de
siesta
una calesita
girando
una pera de cuero
inquieta
una sortija con
su dedo ensartado
padre homero rey
de reyes
nunca me
enseñaste que el peor de los peligros
viene desde
adentro
Julio César Azzimonti
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